domingo, 19 de agosto de 2012

VUELVE MR MARSHALL!



Pienso en es intervención -sin eufemismos- de la que todos hablan, escriben, opinan y un sinfín de verbos relacionados.
Yo entiendo que no hablamos de un préstamo aunque algunos quieran que sea así como lo vemos. Voy a poner un ejemplo sencillo, que es de la única forma que yo puedo expresar lo que yo entiendo. Cuando los países pudientes realizan intervenciones militares en países con algún riesgo, ¿porqué lo hacen? Entiendo yo, en mis justas luces, que como las naciones no son oeneges, lo hacen por la pasta, así de claro, así de feo. Se buscan una escusa bonita, que limpie sus conciencias, o van al cura y se confiesan por los posibles daños colaterales que puedan ocasionar, como en las películas, más o menos. Una vez en el pueblo de turno, imparten orden, en la mayoría de las ocasiones a golpe de bala, y a mandar. Y a instaurar democracias. Y a rehacer todo eso que han desecho, los ellos o los otros, da igual, a más destrozo, más negocio. Y todo esto, en nombre de la paz, vamos, lo que seguramente, sino destrozamos esto antes de la hora, acabará conociéndose como “Las cruzadas del siglo XXI” o algo similar. A partir de ahí, las grandes empresas, lo mejor de cada casa, abalados por la garantía de sus estados, endeudaran a los susodichos territorios de por vida. Ante este tipo de agresiones, los más graves episodios de los grandes colonialismos, no son más que una lección de parvulario, comparado con lo actual.
En estos momentos, parece que la crisis ha frenado un poco las dichosas intervenciones, con lo que los territorios en desgracia no padecen más que por la propia y son pobres -por el daño propio- pero no triplemente pobres : por el daño propio, por el colateral y por el de la deuda que con los del colateral, acaba creándose.
Volviendo a la intervención monetaria, y partiendo de la base de que no es un préstamo. ¿Qué tributos tendremos que pagar? ¿Quienes serán los encargados?
Señor@s, no estoy hablando de dinero, ni de los tristes pagadores -que siempre resultan ser los mismos- ¿será que por fin aunque a golpe de fuerzas extranjeras vendrá alguien a poner orden?
¿Dejaremos de ser por fin este país conocido por la siesta y las castañuelas y la permisividad? ¿Conseguiremos que se nos tome en serio?
Si el precio del dinero es un barrido de todos esos tópicos y realidades que tanto daño nos hace, bienvenido sea, aunque tenga que venir el Mr. Marshall de turno. No podemos seguir siendo el hazmereir del mundo, con esos políticos elegidos por el pueblo que no velan más que por ellos mismos, con esa casa de muñecas que ya no se molesta en disimular que su sangre es tan roja como la del resto, con ese miedo de reivindicación que nos está haciendo perder no solo aquello que hemos ganado en estos últimos años, sino también nuestra cultura y nuestras tradiciones que se van esfumando mientras proliferan otras ajenas, que ya nosotros habíamos erradicado hace siglos, Mientras aguantamos cobardemente – tolerantemente, diríamos ahora- , portándonos como ricos, cuando no es así, a todos los niveles, y todo a costa de nuestro estatus y siendo la culpa, únicamente, de nosotros mismos.