viernes, 17 de agosto de 2012

IDILICOLANDIA O EL PAIS DE LOS EUFEMISMOS

De nuevo recuerdo a aquel rapero o hiphopero, no sé, la verdad, es que como de todo en general, pues sé lo justo, no soy ninguna lumbrera intelectual ni personal, siento que soy un ejemplo fidedigno de aquello que los americanos denominarn “ordinary people”.
Sin salirme del tema de los... intérpretes, para no pecar de género, me centro la calificación del gran eufemismo en que se está convirtiendo este país, donde hace años que padecemos una auténtica guerra encubierta, cuyos actos bélicos se denominan terroristas y en la que los daños colaterales son víctimas. Ya está bien... ¿Porqué nosotros que tanto cartel nos damos de claros y directos, de presumir a boca llena de llamar a las cosas por su nombre no empezamos a hacerlo?
Por comodidad, por haraganería, ¿como no nos va a ir como nos va? Es mucho más fácil para nuestros gobernantes -los de ahora, los de antes y los de hace cuarenta años- culpabilizar al pueblo de turno de todos los hechos en lugar de dialogar, empezar a portarse como un auténtico gobierno y empezar a poner orden y solucionar problemas.
Y además, como se da el caso de que tenemos una etiqueta que dice que somos democráticos, el diálogo ha de ser así. Y si el marco legal no nos acompaña, pues entre todos, DEMOCRATICAMENTE, lo cambiamos, y “aquí pan y después gloria”, sin dramatismos ni numeritos patrióticos que no son más que alimento para esa parte que todavía no se ha dado cuenta que además de no pertenecer a la clase que puede solucionar, se cree en el derecho de permanecer pasiva, esperando a que los demás solucionen sus problemas, mientras que ellos, no tienen ni tan siquiera mediante la aportación de su conducta cívica al día a día.