lunes, 26 de noviembre de 2012

ÚN ÓRDAGO MÁS A LA CRISIS

Tras las elecciones de ayer en Catalunya, si algo ha quedado claro no es precisamente la voluntad de un pueblo decantada hacia el estado reconocido o el proyectado, sino la lectura tan diferente de un mismo hecho por parte de los medios, dependiendo de su ubicación e ideología.
Es común en todas nuestras tierras –en las reconocidas y en las proyectadas- el dicho que recuerda que aquel que paga manda, y no es necesario ser un erudito en psicología para saber que un mismo hecho nunca se ve igual –es una cuestión de simple sentido común, nadie puede ocupar en un mismo momento el mismo lugar que otro, por lo tanto, no verá nunca lo mismo.
Dependiendo del medio, un mismo resultado, es considerado un éxito o un fracaso.
Aunque quizás si existe un fracaso con gran consenso, es el del presidente, ya que independientemente de que tenga mayoría, no puede obviarse el descenso en el número de escaños y por otro, a nivel personal, debe considerarse suicidado políticamente. Todo político que medianamente se precie, después de tamaño desacierto, - que estando en el poder y se intente refrendar su posición, consiguiendo justamente el efecto contrario, se supone debe ser lo suficientemente coherente como para proceder a una evacuación de emergencia, desapareciendo de la escena política a la mayor brevedad posible. Sería lo más lógico. Lo que acostumbran a hacer en estos casos, a todo lo largo y ancho de Mundodemocraciolandia.

Pero, porque siempre hay peros, estamos aquí, y de todos, todos, no son solamente personas ajenas ideológicamente, las que entendían estas elecciones como un teatrillo para desviar la atención de los verdaderos problemas existentes, y de la gestión desacertada para resolverlos, un órdago baldío a modo de tómbola de sueños, con un escenario cinematográfico al estilo de las grandes producciones bíblicas, donde puede o no, llegar el Mesías.