jueves, 13 de septiembre de 2012

TIERRA, TRÁGAME


En estos meses he llegado a cogerle mucho cariño a la prima, la he visto crecer, bueno, realmente no crecía, sino que engordaba, y lo hacía, de manera insalubre, atrayendo un lastre de olor putrefacto que impedía su movilidad. Nuestra prima últimamente había pasado de ser una llenita resultona a obesa con pretensiones poco saludables, aunque claro poco que ver con su prima la griega, que ha llegado a convertirse en una obesa mórbida con graves problemas de salud.
En estos últimos días, nuestra querida prima ha conseguido perder un poquito de peso, pero eso no quiere decir -POR FAVOR, QUE NADIE LO PIENSE- que su salud ha mejorado. El hecho de que ante su eminente adelgazamiento algunos mercados hayan reaccionado a la alza no es más que un indicado genérico al método económico.
La realidad es muy diferente. Nada más comprobar que las listas de desempleados continúan sumando adictos y que pese a la subida de nuestros impuestos la recaudación no aumenta, nos cercioramos, con cifras en la mano, de que todo sigue mal, muy mal.
Tan mal que deberíamos empezar a despertar de este estúpido sueño que es la vida en Idilicolandia. Hemos llegado a un punto que no nos vale solamente ser conscientes de la gravedad de la situación. No lo somos, y si lo somos, no estamos obrando en consecuencia. Todos, sin excepción nos estamos dejando mangonear como ciudadanos por todo aquel que le viene de gusto hacerlo. No es tarea difícil y ni tan siquiera tienen que ser personas de gran calado o avaras pretensiones para conseguirlo.
La verdad, por triste y vergonzoso que sea, es como blanco de cualquier objetivo, resultamos de lo más fácil, nos creemos que por poder repatalear de tanto en tanto hacemos algo, cuando lo único que hacemos si es que lo hacemos, es lavar nuestra conciencia -o en su defecto el lugar que debería ocupar esta. Nadie nos toma en serio y es una pena porque aquí hay mucha gente con valor, individual y como parte de un grupo, pero por alguna razón no acabamos de arrancar, no nos decidimos a romper con ese cordón umbilical que cada día oprime con más fuerza nuestro cuello.
Muchos de nosotros damos respuestas ingeniosas, aprovechando estos espacios, para acabar con estos problemas, pero, díganme, ¿cuantos de nosotros estamos decididos a emprender acciones? Alguno lo ha intentado pero no ha contado con el refuerzo suficiente. Y es ¿que podemos esperar de esta ciudadanía, la nuestra, que consiente que nuestros gobernantes, esos a los que nosotros hemos puesto en el lugar de privilegio que ocupan y a los cuales mantenemos, la masacren de manera sobre todo, socioeconómica, reduciendo cada día más su poder adquisitivo y mermando sus servicios sociales, aquellos que un día parecieron ser referente, y que gracias a una cadena de malas gestiones y descontrol presupuestario nos han dejado en ese lugar impúdico, digno de una república -perdón, ya me gustaría, digamos país, por ejemplo- bananero de cuarta, de esos a los que no se acercan ni las oeneges, pues ni moscas quedan, para transmitir nada. No hay día en que no seamos espectadores de dimes y diretes, de digos y diegos, de verdades que no lo eran y de mentiras que resultaron ser ciertas, situaciones que dan lugar a que uno ante tal insensato pasotismo, no desee más, que se lo trague la tierra.
TIERRA, TRÁGAME!