viernes, 28 de septiembre de 2012

MADE IN SPAIN



Aparentemente la democracia está instaurada en los valores constitucionales, aunque la realidad es bien distinta. Su verdadero apoyo emana de los poderes fácticos del estado´. La clase política en un nuevo y fallido intento por alargar sus privilegios, se reconduce de manera desubicada tomando el rol de abogado del diablo, utilizando tretas imposibles de sostener decisiones capitales y coherentes, y lo que es peor, sin tan siquiera conseguir enmascarar sus intenciones.
La gallina de los huevos de oro dejó de poner y nadie se paró a recordar de que nada en este mundo es eterno. Nadie tuvo la feliz idea de construir algo sólido durante el periodo de puesta. NADIE. Es ahora, cuando el descontento de las bases es evidente, cuando éstas no tienen nada que digerir, cuando los ideales pueden volver a ser parte de un menú obsoleto y quimérico. Recomponer vasallajes y recurrir de manera cíclica y a destiempo solo se le ocurre a los idilicolandicos.
¿Que estado o nación que se precie, se presenta en un momento como este -o como cualquier otro- ante unas Naciones Unidas y reclama una soberanía? Este torpe movimiento no tiene más objetivo que ocultar los problemas reales que nos acechan. Y digo torpe porque a ningún representante de un pueblo que ha conquistado, robado y masacrado a otros, se le puede ocurrir reclamar un acto de piratería, de un representante de un pueblo no se puede permitir que haga tales comentarios, como si las Naciones Unidas fueran una convención pirata o se estuviese tomando unos vinos en la tasca de pepe. ¿Qué autoridad moral tiene? Por un momento, ¿alguien se ha parado a pensar que ocurriría si todos nos reclamáramos?
Se ha perdido el rumbo de forma patológica, al poder se le ha dado un énfasis que roza la neuropatía. La clase política se ha embarcado en una de las mayores quimeras de todos los tiempos, una de esas que persigue al hombre desde sus inicios, la eternidad. Han perdido el norte de tal forma que ignoran por completo el poder del pueblo que les dio el lugar que ocupan. Han olvidado por completo que no son más que mercenarios de quita y pon y buscan a la desesperada la manera de engrosar sus arcas para así pertenecer a los poderes verdaderos -insensatos-
Dada una revolución social, eso no les va a servir de nada las etiquetas anunciando su podredumbre los acompañaran el resto de su existencia. Lo más grave de todo es que asegurar el futuro de un sistema que no se sostiene no solo los lleva al abismo a ellos, sino a todos nosotros. Obvian la realidad y nos invitan a acompañarles porque es lo más cómodo. Amparados por esas leyes tramposas que nos conducen, no hacemos más que hundirnos en una trampa de arenas movedizas.
¿Alguien por un momento, se ha parado a pensar hacia donde nos llevan todas estas corrientes retrógradas que nos acechan?
Para lo único que hay que mirar hacia atrás es para conocer la historia y no volver a cometer errores, para conocernos y respetarnos sin recurrir a politicismos.
No hay herramienta más mortífera, menos sangrante para la cultura, que la politización de la misma. No hay nadie más fácil de manipular que aquel que carece de ella.