jueves, 28 de marzo de 2013

LA PESTE DEL SIGLO XXI


En la política que se gasta en el viejo continente, no se debate una razón sino que se sopesa únicamente quien tiene más peso dentro de la unión.
En las negociaciones de alto nivel político se están utilizando raseros mercantiles -eso por no llamarlos literalmente comerciales- en esta unión el peso político lo gana aquel que mejor se sabe vender, tal como viene pasando en la vida de a pie, donde muchos charlatanes o guaperas al uso se han hecho con puestos de responsabilidad, sin tener en la mayoría de las ocasiones, ni puñetera idea de como funciona el cotarro en cuestión. Ha sido así y no de otra manera, como cada uno en su pequeño círculo ha ido creando pequeñas debacles que se han ido sumando hasta llegar a la desastrosa situación que nos consume. Los guapos de la fiesta- por llamarlos de alguna forma, no tienen más fórmula de salvación que aquella que los libra a ellos mismos, aunque sea a costa de toda un civilización. En nuestro caso parece que la mayor preocupación del presidente es que se tuviese que llegar a tocar aquello que se conoce como grandes fortunas: término con el que hasta hace pocos años se conocían a aquellos patrimonios fácticos, instaurados desde siempre, aunque ahora, podríamos ampliar el corralito a aquellos que han engrosado su patrimonio en proporciones difíciles de contar con las fórmulas financieras al uso. Este engorde antinatural ha tenido como principal consecuencia la bajada de peso de las pequeñas economías, que para más, se han acabado convirtiendo prácticamente en las únicas benefactoras de toda esta descabellada situación que padecemos, pasando por encima incluso del hecho que incluye su aniquilación.
De manera accidental, y digo accidental por no empezar a utilizar el término “presunto”, se están confundiendo términos: Se está desviando el término grandes fortunas hasta entremezclarlo con grandes ahorradores, cuando la verdad es que nunca esas grandes fortunas se forjaron en el ahorro -eso hasta el más simple lo sabe, otra cosa es que por intereses varios, se haga el loco o el inoperante- con la única intención que convencer a los de a pié, como siempre, que la patria necesita más que nunca de su colaboración, mientras los auténticos señores de la guerra, en este siglo veintiuno, se quedan en el congreso de turno dejando actuar la peste aniquiladora al uso, esperando que continúe lloviendo café envenenado que fulmine al pueblo llano, para evitarse el trabajo de seguir inventando fórmulas con las que hacerse con los dineros del pueblo llano que cada día más, sin remedio, se escarnece.