sábado, 2 de marzo de 2013

EL PRÍNCIPE Y LA CORISTA


La información sobre todo lo que acontece en todos los mentideros del reino no es más que una repetición sistemática de hechos, en los cuales poco más que el nombre de los protagonistas o la institución es cambiado.
La única novedad en estos últimos días radica en el cierre del cerco sobre aquellos sobre los que ya nunca más habrá paz.
Me refiero a esos hasta hace poco idílicos círculos familiares, donde en poco tiempo han pasado de ser ejemplo todas las gracias habidas y por haber, a convertirse en ejemplo verídico del catálogo de delitos contemplados tanto en los códigos civiles, como eclesiásticos o cuantas procedencias se cuenten, ya sean oficiales o no.
Visto y oído todo lo acontecido, lo que nadie a estas alturas de la película -no dicho este nombre de manera metafórica- puede dudar, es de las dotes interpretativas de todos ellos.
En algún lugar he visto anunciado que uno de los muñecos de la casa, -ese que guardaba, en horas altas cierto parecido con Ken, el novio de Barbie, y que ahora, cuando más bien su estampa es la de Thim Man -el malo de Los ángeles de Charlie-, busca trabajo. A lo mejor cuando monten el complejo ese allá por ende los prados, consigue uno de esos empleos basura de seiscientos euros al mes sin día de descanso semanal, y como tiene experiencia en eso de trabajar, por llamarlo de alguna manera, siempre podrá ser el acompañante de alguna Barbie entrada en años y en dinero, pero eso sí, esta vez, con esa discreción que mandan los cánones, para que nadie pueda seguir la pista, y con ello, poder pagar....sus deudas.