miércoles, 13 de febrero de 2013

DESAHUCIADOS PERSONALES


Mi intención era dar un repaso a la dimisión del Papa, pero debido a un importante alud de sugerencias, dejaremos el tema papal para la homilía dominical de la mareflower.
Aveces hay que bajar de esa nube que impone la autoría y atender a quien nos habla. Costumbre sana, esa de escuchar y rectificar. No pueden imaginarse cuanto. ¡Qué pena que estos politiquillos de tres al cuarto que nos gobiernan no se apliquen este cuento! Ellos que se jactan de continuo de ser los representantes de la gente de bien, de las personas como Dios manda -dicho esto aclaro que, seguramente, esas personas a las que representan son gente honesta, porque claro está y a la muestra ellos mismos, que ser el representante “de”, no implica ser ejemplo de tal o cual particularidad.
La satisfacción del trabajo bien hecho no tiene precio. Pero claro, sus precios -esos que últimamente están saltando a los medios- son lo suficientemente tentadores como para suplir luna serie de valores como son la honestidad o la credibilidad y traerles completamente al pairo vivir en pecado mortal -total, si existe riesgo para alguno de los suyos, basta modificar una ley hasta ajustarla como un traje hecho a medida -y no miro nadie- para que luzca sin mácula, impoluto.
Hoy no voy sermonear nuestras faltas, esas que nos califican de sociedad pasiva o país de vagos, entre otras cosas. Hoy me gustaría alertar sobre esa toma de conciencia que embarga a la gran mayoría.
Y es algo contradictorio, es difícil de explicar como una sociedad como la nuestra, en la que es reconocida por todos su solidaridad -que en algunas ocasiones algún degüello de turno confunde con fanfarronería o derroche- y donde de alguna manera la gran mayoría estamos viendo o viviendo muy de cerca las tragedias personales que no son más que el resultado de la manipulación perversa a la cual hemos sido sometidos durante los últimos años -y aclaro que cuando digo últimos años, podría acabar hasta los mismos inicios de la era demócrata, porque aquello que nos contaban en los noventa de que todo iba bien, no fue la primera mentira. ¿Que porqué? Porque este sistema en el que estamos incluidos es una mentira en si mismo. No se puede instaurar un modelo de sociedad como la que supuestamente es la nuestra bajo unos cimientos formados por una ciénaga enlodada y pestilente. Construir una nación no se puede nunca hacer en los términos que se hizo aquí. A partir de ahí, no podemos pretender que algo funcione, sea real, salga bien.
Con estos antecedentes, es lógico que desde el exterior seamos vistos como esa república -ya quisiéramos- bananera del sur o del norte, eso por supuesto, es muy relativo.
Me voy a centrar por un momento, en esa tragedia que he nombrado unas líneas arriba, fruto de esa situación de alerta en que nos encontramos. El problema no es una burbuja, no es el dinero, no es el trabajo -aunque algunos posiblemente lo vean así-
El problema es mucho más grave, estoy hablando de coyunturalidad, de todo en general.
Esas burbujas a las que ahora culpan de todo, no son más que golosinas gratuitas que se ofrecían en su día para distraer las maniobras que en estos años se han ido gestando, hemos ido entrando en una cueva idílica donde nadie era consciente de que no dejaba de ser un agujero sin salida, un pozo ciego lleno de auténtica mierda. Fea palabra, pero no quiero andar con eufemismos, que de eso ya estamos vacunados.
Una de los mayores engaños ha sido, no cabe duda, el formado por el triángulo Banco – Hipoteca – Desahucio. Sin duda, el más sangrante. Nadie entiende como un gobierno instaurado por el pueblo, inyecta dinero público a la banca que ya cobró y colocó en paraísos al uso, dejando a aquellos que le dieron el poder, en la total ignominia, llegando a pagar con su vida la vergüenza generada ante unos pecados que no son ni por asomo, los verdaderos culpables.
Y esos que nos gobiernan, duermen a pierna suelta, con sus conciencias convencidas de que todo lo hacen por el bien de la patria y de los patriotas, con la bolsa a reventar y a buen recaudo, premiando a los verdugos que debieron ser los ajusticiados y disfrutando a modo de césares romanos, del espeluznante espectáculo del circo romano con cristianos destrozados, convertidos en vianda de leones famélicos.
POLVO ERES Y EN POLVO TE CONVERTIRAS