jueves, 14 de febrero de 2013

ANTE UN NUEVO GENOCIDIO


Creo que con la cantidad de asociaciones que tenemos en este país es hora ya de erigir una nueva. A mi me gustaría conocer quienes son realmente los verdaderos culpables de todo el desastre humanitario que está padeciendo este país. Me gustaría levantar un mea culpa colectivo -porque realmente la sociedad no está exenta de culpa debido a su pasividad. Con esta actitud nos hemos convertido en encubridores de la situación en que nos encontramos. Con cifras en la mano -cualquiera puede tirar de hemeroteca y comprobar que estoy en lo cierto- un noventa por ciento de la ciudadanía es conocedora de la desesperante situación que atravesamos y conoce la identidad de todos aquellos que nos han llevado a tremenda catástrofe. A día de hoy, uno puede darse un paseo por la prensa extranjera y comprobar desde un punto de vista imparcial la peligrosidad y gravedad de todo lo que está pasando en este país. Claramente se habla de homicidios, no de suicidios. Es claro que ha esos periódicos no llegan los tentáculos cañís a diestro y siniestro, - valga esta vez la redundancia y algún que otro mal pensamiento- . Resulta obvio encontrar en las manifestaciones colectivas la palabra Genocidio en algunas pancartas. De seguir la progresión de crecimiento de suicidios directamente relacionados con los desahucios, no tendrán otro nombre. No debemos consolarnos viendo que en países vecinos también hay personas con los mismos hábitos frutos de -que nadie se crea eso de que son culpa de la depresión- la desesperación, esa misma que han provocado unos hombres que se sientan a ratos en un parlamento para hacer que intentan arreglar las cosas, mientras que en realidad, no hacen más que urdir planes para salir de rositas del despojo que han hecho en este país. No hay más que movimientos en pro de un cubrimiento de espaldas de todos ellos. Y es que no se puede esperar otra cosa de aquellos que durante un tiempo quedaron en la sombra mientras eran otros los que ponían las reglas. Ahora tienen la múltiple peligrosidad, que va desde su maldad congénita escondida bajo capotes y mantillas, al rencor y la sed de venganza acumulada mientras se han visto obligados a hacer un paripé en pro de la modernidad y de una apertura que los acercara a los grandes.
Y lo realmente grave es que muy lejos de existir voluntad poner fin a todo esto, se continúa abonando la delincuencia de altos niveles, premiando las conductas culpables en lugar de recibir el merecido -bueno, merecido no existe, es mucho mayor- castigo.