domingo, 9 de diciembre de 2012

CRISIS, SUMA Y SIGUE


Muchas veces he escuchado decir que todo vuelve, que el mundo es como las olas, que todo viene y va.
En los años noventa, justo antes de comenzar aquello que algunos llaman ladrillazo – y que ya que lo nombro me gustaría incidir en mi duda existencial sobre el tema: ¿A qué se atribuye el nombre? ¿A un periodo con: gran cantidad de ladrillos, gran movimiento de ladrillos: hacia las construcciones o hacia las cabezas de algunos?
Eso lo digo porque si bien es cierto, que nuestro paisaje en estos últimos años ha ido perdiendo los colores de la madre tierra en estado puro, en detrimento del sucedáneo que obtenemos al digerir a ésta en la bóbila -acabo de descubrir en este mismo instante que “la bòbila”, que viene a ser una fábrica de ladrillos, pero no encuentro por todo lo largo y ancho de este Google, una traducción, un sinónimo, algo...
Si restar un ápice de importancia, dejaré a un lado mis dudas existenciales sobre el nombre del lugar donde se fabrican los ladrillos y también los ladrillazos cerebrales, entendidos como efecto y como daño colateral del mismo.
Me preocupa el descalabro producido en todos sus niveles y si bien, los más afectados son los subsidiarios del mismo, con todo el drama social y personal que conlleva, más acaba preocupándome la irresponsabilidad de la clase dirigente, que olvidando por completo quien los ha llevado a ese lugar de privilegio que hoy ocupan, arremeten únicamente contra ellos, castigando no solamente en sus economías a esos que los llevaron al poder, sino premiando a los verdugos de los que un día, les dieron -bueno, en estos momentos quizás sería más correcto hablar de refrendar en lugar de dar, con varias décadas de por medio, el poder perdido-
Las políticas a las que nos estamos sometiendo cada día recuerdan más a las de una dictadura – en los mentideros reales cada vez es más frecuente topase con más de aquellos del “¿Sabe usted con quien está hablando?”, y lo peor de todo es que la sociedad está en estos momentos tan fracturada, se encuentra en tal grado de vulnerabilidad, que intenta evadirse de la cruda realidad, quema sus últimos cartuchos de felicidad despilfarrando lo que no tienen, evitando pensar en un futuro que cada hora que pasa se nos torna más oscuro.
¿Han visto alguna vez una serie de televisión que se llama “La que se avecina”? ¿Se han parado ha pensar a cuantos “Capitán Salami” conocen? Que ladrillazo tiene dado...
Para terminar, el enlace:
En la actualidad, de vuelta al principio pero con bastante menos ilusión, esperamos que nuevos ladrillazos, aunque sean de estructuras o infraestructuras que no se puedan mantener, den trabajo e ilusión durante un tiempo, proyectos de tipo lúdico, que no voy a nombrar ahora, de la misma forma que otros en los noventa, serán el pan de hoy y el hambre para mañana, solo espero que algo hayamos aprendido y no nos dejemos nuevamente embaucar por estas situaciones puntuales, que no son más que puras quimeras para todo aquel que cada día tiene que salir a ganarse el pan. 
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